Lo que me llamo la atención, esté director realizo un cortometraje de lo mejor que he visto de necrofilia "Aftermarth" ..... Los Habitantes (The Abandoned)
País: España, Reino Unido, Bulgaria Año: 2006
Director: Nacho Cerdà
Reparto: Anastasia Hille, Karel Roden, Valentin Ganev
Duración: 99
"Herencia maldita" Por Rafael Aviña
A partir de cortos como Aftermath (1994), centrado en un obeso forense y su despiadada manera de tratar la carne muerta, y Génesis (1998), siniestra revisión del tema de Pigmalión, el español Nacho Cerda adquirió instantáneo prestigio dentro de los límites del cine de horror con esta serie de relatos breves e impactantes vueltos objetos de culto. Por ello, su debut en el largometraje se anunciaba similar al trabajo de otros colegas y paisanos suyos como Alejandro Amenábar o Jaume Balagueró, que han dedicado intensos esfuerzos al cine fantástico y del horror violento. Los Habitantes (The Abandoned/España-Gran Bretaña-Bulgaria, 2006) es una obra densa y lúgubre que alcanza altas cuotas de delirio y paranoia y que, sin embargo, no llega a unificar del todo un perturbador tono que se mueve entre la realidad y la pesadilla, así como sus inquietantes referencias, en esta suerte de intensa cruza entre Andrei Tarkovsky –el de Solaris (1972)– y David Lynch, y sus oblicuas visiones repetidas y sus energías malignas que mesmerizan a sus personajes. Marie (Hille), productora de cine nacida en Rusia y criada en Estados Unidos, llega a Moscú en busca de sus orígenes convocada por un tal Misharin (Ganev). Hija de una mujer asesinada por su propio marido en 1966 y posteriormente adoptada, Marie ha heredado la casa de sus padres: la Granja Kaidanovski, un lugar abandonado y maldito al que se llega por un puente a punto de derruirse y en donde la mujer no sólo conocerá a su hermano gemelo, Nikolai (Roden), cuya existencia desconocía y que ha llegado por el mismo motivo, sino que será testigo del hipnótico y perverso poder que el lugar oculta. Cerda se vale de una visceral y efectiva banda sonora, un angustiante trabajo de iluminación y elementos muy sencillos, entresacados del cine experimental de los 60: desafoques, sobreimpresiones, tomas en reversa, imágenes de la naturaleza, así como de algunas shockeantes secuencias gore para mostrar la fuerza siniestra de una mansión que evoca recuerdos terribles y que juega con la mente de sus protagonistas. No obstante esos mismos elementos –la casa que oculta un Mal, con mayúscula, así como la idea del doble que remite a William Wilson de Edgar Allan Poe– la cinta se pierde, por desgracia, en una sobresaturada media hora final que tiende a la confusión a pesar de la inquietud y el miedo que el relato provoca.